El día que pedí la mano de mi esposa, una historia personal

Por fin llegó el día. Seis años esperé por el documento que me liberaba de mi primer matrimonio y de tener la oportunidad para solicitar la mano de Mónica, mi pareja. No pasaba un solo día sin que ella me preguntara por el dichoso documento por lo que cuando por fin llegó me reservé la noticia en secreto e invité a mis suegros a cenar a casa y sorprender a todos con la noticia aprovechando a su vez para solicitar su mano.

Antes de continuar, es necesario que cuente someramente las circunstancias en que Mónica y yo nos conocimos.

Poco tiempo después de separarme de mi primera esposa conocí a mi pareja actual en el GYM (gimnasio) donde yo entrenaba y trabajaba como entrenador personal y encargado del área de la sala de pesas. Yo, recién había cumplido 30 años de edad. Mónica asistía como usuario y miembro del gimnasio. Una tarde ya al cierre de actividades, por pura casualidad nos quedamos un grupo de personas en el cafetín del GYM compartiendo unas cervezas después del entrenamiento y Mónica quien a su vez estaba de cumpleaños en esos días del mes de enero de 1990 y venía de participar en las finales del campeonato nacional de aeróbicos donde quedó en el primer lugar y campeona absoluta del evento CARACAS 750 y estaba festejando su triunfo. Durante la conversación que sostenemos en la mesa uno de mis clientes que estaba de cumpleaños también y se sentía muy orgulloso de cumplir 18 años y su recién adquirida mayoría de edad, comenzó por preguntar la edad a las personas que estábamos en la mesa. En varias oportunidades había visto a Mónica en el GYM y por su extraordinaria complexión física y su cara de niña parecía no tener más de 16 años de edad por lo que consideraba esa zona de cacería vedada para mi, por lo que cuando le preguntan la edad y Mónica contesta “25 AÑOS” me sorprendí a mismo preguntarle bromeando “¿Y TE DEJAN SALIR HASTA LAS 3 DE LA MAÑANA?”. Casualmente esa misma semana mi hermana y su esposo venían a la capital y me habían citado a una reunión en un restaurante lujoso en Caracas para ofrecerme la opción de una sociedad del gimnasio de su propiedad en la ciudad de Puerto La Cruz, por lo que aproveché la oportunidad para invitar a Mónica, nuestra primera cita. Mi cuñado (un joven muy acaudalado) mandó a su chofer a mi casa a recogerme en una limusina con la que pasé a buscar a Mónica, quien quedó impresionada al ver el vehículo con el que llegué. Al finalizar la cena ya habíamos llegado a un acuerdo en relación al negocio cerrando el trato con mi cuñado a quien le extendí un cheque por el valor de la tercera parte del GYM y entre tragos de whiskey y copas de vino, la alegría, la emoción y la euforia de la celebración tomé a Mónica de la mano y acercándola hacia mi le estampé un espectacular beso que selló nuestra reciente amistad. Al salir del restaurante mi hermana y mi cuñado se quedaron en el hotel donde se estaban hospedando y le solicitaron al chofer que nos llevara. Ya en el vehículo le di indicaciones al chofer para llevar a Mónica a su casa, pero ella me interrumpió y me dijo que se quedaría esa noche conmigo. Una semana después ya estábamos en la ciudad costera de Puerto La Cruz comenzando una increíble aventura. Nuestra relación comenzó de una manera espontánea y en inmejorables condiciones ya que ambos estábamos en relación directa con el negocio y ambiente del GYM: ella se encargaría del área de Aerobic’s y relaciones públicas mientras que yo por otra parte me ocuparía del área de las pesas y de la administración por ser esa mi área profesional.

Como se pueden dar cuenta, era necesario este inciso para poder establecer las peculiares circunstancias de cómo mi pareja y yo nos conocimos. Como se imaginarán, los padres de Mónica no estaban muy de acuerdo con nuestra relación informal por lo que representaba un evento excepcional en mi vida solicitar al padre de mi pareja la mano de su hija y darle la tan esperada noticia a ella de la separación legal de mi anterior relación y mi firme intención de tomarla como mi esposa en demostración de mi amor.

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El día que escogí para el anuncio sigue en mi memoria con toda claridad por haber preparado todo con gran cuidado encargándome personalmente incluso de las compras y preparación general del evento, desde los alimentos hasta las bebidas, y como buen administrador, llevo mis cuentas muy claras registrando el gasto con fecha y detalles de la transacción en mi sistema administrativo como evento muy especial, VIERNES 22 DE MARZO DE 1996. Ese día me tomé la tarde libre en la oficina y no asistí al GYM como era nuestra costumbre, cosa que le extrañó mucho a Mónica, pues las tardes de los viernes después de entrenar era normal reunirnos con los amigos en el restaurante del club deportivo y programar las actividades del fin de semana, que dependiendo de las condiciones atmosféricas variaba entre exteriores (ciclismo, surf o bodyboard en la playa, excursiones a la montaña, etc…) o bajo techo (racquetball, Squash, Spinning o Power Bike, etc…).

La cena transcurrió de manera amena entre conversaciones triviales, yo tratando de no mostrar ansiedad y nerviosismo, cosa que me costaba muchísimo. Al finalizar la cena saqué una botella de vino Malbec argentino que venía guardando para la ocasión, que con manos temblorosas intentaba descorchar y que por poco termina en el piso, mientras buscaba en mi mente palabras adecuadas para el importante anuncio que mientras servía las copas iban saliendo de mi boca en forma de frases de muy poca coherencia bajo la mirada extrañada de mi pareja y sus padres. Al culminar mi atropellado anuncio del cual terminé sudando, la sala quedó en un silencio que me tenía comiéndome las entrañas mientras esperaba alguna expresión positiva por parte de mis suegros y las palabras de aceptación por parte de mi pareja con la que ya para entonces había compartido los anteriores 6 años.

Hago un punto y aparte en este momento para aclarar que en toda mi vida me había reído tanto y con tantas ganas cuando escucho decir a Mónica mientras acercaba la copa de vino a sus labios con una tranquilidad formidable y pasmosa:

“—Y ¿Quién se quiere casar?»

Mi suegro casi se cae de la silla donde estaba sentado, mientras mi suegra se reía conmigo a mandíbula batiente por lo inesperado de la respuesta, con lo que al final la tensión bajó tanto como el nivel de la botella de vino que fue acompañada de dos más antes de terminar la velada comentando el suceso.

Bueno, eso pasó hace 21 años y 27 años desde nuestra primera cita el 26 de enero 1990. Ella y yo seguimos juntos, lo que de alguna manera demuestra una relación que será para toda la vida, quedando aún una interrogante que espero sea respondida la semana que viene, pues una vez más estoy preparando con la complicidad de mi suegra una reunión familiar donde planeo como regalo de cumpleaños solicitar a mi suegro quien acaba de cumplir 95 años de edad, por segunda vez, la mano de su hija. Con toda honestidad, me mata la curiosidad por saber como terminará este suceso, cosa que espero no suceda con mi suegro con lo impredecible que puede ser la respuesta de Mónica en esta oportunidad.

 

Imagen vía Pixabay