Una boda en… Costa Rica

Son los únicos que pueden llegar a una boda sin invitación y no incomodar. Aunque no cumplan con el código de vestimenta, nadie les hará mala cara. Y si osan interrumpir la ceremonia, más de un presente lo celebraría con una sonrisa.

Se trata de esos particulares e impredecibles invitados que solo en verdaderos paraísos naturales pueden aparecer de improviso a ser testigos del “Sí acepto” de una boda en Costa Rica.

Una bandada de tucanes que surca el cielo con sus coloridos plumajes, rastros de olas espumantes que se acercan a escuchar las promesas de amor de los novios, o incluso un mapache juguetón que, ante el menor descuido, amenaza con dejar al fotógrafo sin cámara…

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Algunas jocosas, otras un tanto acongojantes, lo cierto es que muchas son las experiencias que se pueden vivir a la hora de participar de un matrimonio celebrado en esta bella nación centroamericana.

Playa, montaña o ambos

Bajo un majestuoso atardecer naranja en las playas puras y cristalinas de Guanacaste, dentro del bosque tropical en las zonas altas de Heredia, o en sitios que combinen ambos ambientes, como Manuel Antonio, en Puntarenas, una boda en Costa Rica es sinónimo de aventura y emociones para contrayentes e invitados.

Con múltiples opciones a lo largo de sus 51.100 kilómetros cuadrados, para los diversos gustos y presupuestos, los novios, sean nacionales o extranjeros, pueden encontrar todo en un solo lugar: el mejor destino para su ceremonia, recepción y luna de miel.

¿Qué le parecería tener la oportunidad de escoger entra una boda verde y una de fuga? Celebrada en medio de paisajes asombrosos, la primera ofrece la posibilidad de realizar una ceremonia elegante pero social y ambientalmente responsable, mientras que la segunda es solamente para dos y reviste de un carácter más simple, íntimo y muy romántico.

Cualquiera que sea su elección y tipo de ceremonia –religiosa o civil- si de algo puede estar seguro es que no faltará la vista a cataratas, manglares, volcanes, ríos, entre otros atractivos que darán un realce único al evento.

Riqueza cultural

Desde la decoración, hecha a base de flores nativas, pasando por nuestros platillos típicos como el gallo pinto y concluyendo con la música en vivo de la marimba, es probable que la rica y auténtica cultura criolla salga a relucir hasta en los más mínimos detalles de su boda en Costa Rica.

Ya sea en hoteles de playa o montaña, jardines al aire libre, quintas, fincas y salones privados en medio de la ciudad, la esencia tica, con su mágica biodiversidad y parajes exóticos, serán invitados de honor a un evento inolvidable, al mejor estilo de los cuentos de hadas.

Muchas son las parejas que escogen alguno de los paradisíacos destinos de Costa Rica para empezar a escribir su propia historia de amor.

Solo el año pasado fueron casi 24 mil bodas que, según el Registro Civil, se realizaron en el país. Ojalá que después de leer esto sean muchas más las que se decidan a darle a su nueva vida de marido y mujer ese toque natural y “muy pura vida” que solo el país más feliz de Latinoamérica les puede brindar.

Imagen via pixabay

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